Por amor a la familia
Dia cuatro
Parte 1
Me levante y me vesti mi ropa de hombre, Sali a la calle a comprar algunas cosas y a la escuela, a ponerme al tanto de lo que había perdido, mis compañeros me cuestionaron de porque no había asisitido, simplemente dije la verdad, que no me levante. Fuimos a comer a un negocio de comida y ahí paso algo que le dio un giro al dia.
Entro una mujer joven acompañada de un hombre ya maduro, el era guapo, pero ella se veía estupenda, traía puesto un vestido corto, strapless, de bolitas y con vuelo en la falda, anteojos para sol y un sombrero super elegante, unos zapatos negros altos finalizaban con sus largas piernas torneadas, su caminar era impresionante, cada paso demostraba sensualidad, cada pose, incluso la forma como sonreía o detenia su bolsa, era evidente que no era la esposa de ese hombre, ya que era muy consentidor con ella, además de que se veía que el era mayor que ella por muchos, muchos años. , ella era joven, un poco mayor que yo, era casi ilegal esa escena.
Esa imagen me impacto demasiado, esa chica podía ser yo, era yo quien podía estar con ese hombre, según mi experiencia del dia anterior, la gente ni siquiera lo notaria. Yo quería ya irme a la casa, me sentía inspirado, pero mis amigos insistían en que me quedara, finalmente pude escapar.
Entre corriendo como es costumbre a la casa y subi las escaleras corriendo, casi al tiempo que iba quitándome mi ropa en el camino, llegue a la habitación del desorden, tome un brassiere strapless, pero era de mi prima la mayor, este no lo llenaba con mis pechos extraños, asi que vi unas esponjas raras en el otro cajón y las use para rellenarlo, me coloque esta vez una tanga sexy y me dirigí al closet, yo sabia que mi prima tenia un vestido similar al de la chica, busque y busque y al fin lo encontré, se veía mas pequeño de lo que me imagine, me lo puse y me quedo perfecto, cada parte de el encajaba perfectamente en mi cuerpo.
Estaba vistiéndome cuando escuche sonar el teléfono de la casa, pero como nunca nadie me llama a mi, decidí ignorarlo, seguí en mi transformación, fui a la habitación de mi tía y busque unos zapatos elegantes, eran rojos, de tacón muy delgado, con correa en el tobillo, me los puse y me quedaron perfectos, pero esta vez si me costo trabajo mantener el equilibro, aunque después de unos minutos lo domine. Camine a mi habitación, la emoción era diferente, estaba super motivada, los tacones en el pasillo aumentaban mi excitación, recogí la peluca y me la coloque con mucho cuidado, la peine porque estaba hecha una maraña, fui al pasillo nuevamente y me vi en el espejo, me veía bien, pero no lograba satisfacerme, quería replicar la imagen de la chica que acababa de ver.
No me convencía a mi misma que me faltaba?, era el momento de dar un paso más, a final de cuentas, mi familia llegaría hasta el domingo, y apenas era jueves, el teléfono volvió a sonar, y una vez más decidí ignorarlo, sin embargo, me entro un poco de intriga, por que era tanta la insistencia? No era común que alguien llamara a la casa. Fui a la habitación de las niñas, me senté en el banquito del tocador y abrí el cajón, había todo tipo de maquillaje. Irónicamente, yo sabia usarlo, ya que al crecer con mis primas, las veía hacerlo de una forma muy natural, incluso en ocasiones les ayudaba a maquillarse.
Me coloque el maquillaje de una forma muy juvenil, enchine mis pestañas y les puse rimmel, pinte mi boca de un rosa muy bonito, cuando termine toda la labor, me vi al espejo, estaba hermosa, pero algo faltaba. Me levante y fui a la habitación de mi tia, necesitaba accesorios, pero yo no tenia las orejas perforadas, mas recordé que con frecuencia le veía a mi tia aretes de presión, asi que busque entre sus cosas y encontré unas arracadas de plata con esta característica. Me las coloque y enseguida un collar que también estaba ahí, y finalmente, unas pulseras.
Me levante y regrese a la recamara de las chicas, cada paso era un taconazo que excitaba mas el momento, tome una bolsa del perchero y me coloque frente al espejo, ahí estaba, una obra de arte, una chica perfecta, cualquiera que me viera se sentiría atraído, era increíble lo femenina que yo me veía, mis piernas eran torneadas por el ejercicio, pero largas, la delgadez de mi cuerpo hacia que el talle del vestido quedara perfecto, mi angosta espalda hacia equilibrio con el corte del vestido que me hacia lucir unas hermosas caderas, la imagen era absolutamente perfecta, estaba tan metida en admirarme que no note que el teléfono estaba sonando nuevamente.
Eran alrededor de las 7pm, decidi caminar por la casa, a pesar de haberlo hecho toda la semana, hoy era diferente, transpiraba sensualidad, me movia despacio, con elegancia, esos tacones hacían que mi cadera se contoneara, recordé la ropa interior que tenia ya días en el patio, fui por ella, y pensé en que era momento de comenzar a recoger todo el desorden que había hecho. Subi a la recamara dispuesta a hacerlo, pero cuando vi el ventanal que daba a la terraza no pude resistirme, tenia que mostrarme, ya no era suficiente hacerlo dentro, necesitaba ser vista. Sali a la terraza y me sente con cuidado en la silla, cruce mis piernas coquetamente mientras veía a la gente pasar por la calle, pero esta vez nadie me veía.
Entonces me entro nuevamente el miedo, asi que entre otra vez a la casa, vi el cuarto desordenado y pensé que mejor mañana lo recogería, asi que baje a la cocina a comer algo, cuando iba bajando las escaleras, el teléfono sono nuevamente, ya era demasiado, debía ser algo importante, asi que corrí, los tacones resonaron nuevamente, llegue al teléfono y conteste, era mi tia.
“hijo, te he estado llamando todo el dia” yo le conteste que no había estado hasta ahorita, pero lo que me dijo, me dejo totalmente congelada: “ya llego tu tio? Salió desde la mañana” un nudo en la garganta me impedía hablar con normalidad, por que habría de llegar mi tío? Cuando llegaría? A que hora salio? Todas estas preguntas me llegaban inmediatamente a mi cabeza, mientras sentía un malestar de miedo en el estomago, el sudor frio en contraste con un calor en el cuerpo. con dificultad le conteste: “n…no, por que? Paso algo?”
Tenia ganas de colgar y correr a quitarme todo, y recoger todo lo que había hecho, me dijo: “no, nada, solo que no se ha comunicado para avisar que llego bien, en cuanto llegue le dices que nos hable” solo conteste “claro que si tia, yo le digo” e inmediatamente colgué el teléfono con mi mano temblorosa, pero justamente cuando hacia esto, la puerta se abrió, mi tio estaba ahí, frente a mi, con la mirada fija.
Parte 2
Yo me quede congelada, sin respirar, mientras el cerraba la puerta muy lentamente sin quitarme la mirada de encima, pero su rostro estaba quieto, inexpresivo, no reflejaba ni emoción, ni enojo, ni sorpresa, ni excitación, absolutamente nada. Despacio dejaba su maleta a un lado mientras se quitaba su saco. Se sienta en el sillón individual de la sala, saca un cigarro y lentamente lo prende mientras cruza la pierna.
Me dice: “siéntate, vamos a platicar” yo sigo ahí parada, temblando sin saber que hacer, al fin logro moverme, camino dos pasos hacia el sillón a lado de mi tio, pero mi caminar es algo tosco, un caminar aun de hombre; cuando el ve eso, me dice que me detenga, que coloque mis codos pegados a mi cadera y que camine con más sutileza. Me quede en shock, acaso me estaba diciendo como caminar? No me va a regañar? No me va a decir algo por lo que está viendo? Me quedo quieta y el insiste: “anda, pega tus codos a tu cuerpo, y camina con soltura, sin prisa, no te pongas tiesa, da la vuelta y camina hacia la cocina y regresas”. Me lo decía con un punto exacto entre autoridad y petición, no me lo pedia como favor, pero tampoco me lo exijia, era una especie de orden pero sutil.
Sin salir de mi asombro, gire sobre mi misma lentamente, trate de tomar la postura que él me pidió y camine despacio hacia la barra de la cocina, cuando llegue allá, me dijo soltando una bocanada de humo de su cigarro: “pon un pie frente a otro, no despegues tus piernas” su orden seguía siendo firme, su expresión inmutable, di un paso, después otro, los tacones resonaban en toda la casa, pero lentos, espaciados uno entre el otro, reflejo de mi torpeza y lentitud al caminar. Me hizo dar varias vueltas, cada vez dominaba más lo que él quería que hiciera, finalmente camine con soltura, super femenina.
Entonces me dijo: “tu ropa se me hace conocida” yo volví a congelarme, ahora si me reclamaría el estar usando la ropa de sus hijas. Pero no, no me reclamo nada, me hizo una seña otra vez de que fuera a sentarme cerca de él, camine hacia el sillón, recordé como toda chica decente se sienta cuando trae vestido, asi que me detuve la falda por detrás y me senté con cuidado, sin despegar mis piernas, cuando estuve sentada, cruce mi pierna como cualquier mujer sensual, tuve que hacerlo porque la falta de costumbre de sentarme con las piernas cerradas, hacia que olvidara eventualmente hacerlo y con esta “solución” me veria como toda una dama cuiadndo su intimidad. esto pareció agradarle bastante, porque me dijo: “ándale, ya estas entendiendo”
Se quedo un momentito en silencio y después me pregunto: “como estuvieron las cosas estos días? Alguna novedad?” trague saliva y empecé a hablar, aunque mi voz no es muy grave, el me detuvo haciendo una seña con su mano mientras me decía: “tu voz, modérala, yo se que puedes” así que aclare mi garganta y comencé a hablar con un tono más agudo, yo misma me sorprendí de mi voz, era la voz de una chica, algo consentida, pero se escuchaba muy bien.
Me pidió que le sirviera una copa de vino, me levante con cuidado y camine hacia la pequeña cantina que había en la casa, le serví una copa mientras sentía su mirada en todo mi cuerpo, al tiempo que me decía que me sirviera otra para mi. Así lo hice y volví hacia el con un caminado muy femenino. Me incline un poco hacia el, casi podría verse mis pequeños senos rellenos por el escote, enseguida me senté con igual cuidado, seguimos charlando y empecé a sentirme más tranquila, no se si por la confianza que me daba o por los efectos del licor, pero aún me corroía la duda de porque no me decía nada, era demasiada mi curiosidad, pero temía que si yo le preguntaba el porqué, echaría a perder la magia de lo que estaba viviendo.
No me había percatado, pero estábamos teniendo un momento muy agradable, yo convivía muy poco con el, es más, no recuerdo haber tenido una conversación de mas de un minuto con él en toda mi vida, y hoy, charlábamos como dos personas totalmente desenvueltas, también me di cuenta que ya había olvidado mi temor, incluso había olvidado que era hombre, mi timbre de voz se había adaptado totalmente a ser femenino, mis posturas eran sensuales y correctas, mis movimientos sutiles, incluso mi risa, era como si hubiera salido de mi interior alguien que estaba ahí siempre, alguien que sabía perfectamente cómo moverse, comportarse, ser.
Los efectos del alcohol habían aparecido hace ya un rato, el calor en mi cuerpo se transformaba ahora un poco en excitación, y estoy segura que en el también, porque de vez en cuando podía ver una erección en su pantalón, y el sabía que yo la veía, él se acomodaba para que fuera más evidente, y para mi era imposible evitarla, hasta que me pidió que me sentara ahí con él. Yo me puse de pie e intente sentarme en el sillón, junto con él, pero el con un movimiento me jalo y quede sentada en sus piernas, como una niña en el regazo de su padre, mis piernas desnudas, extendidas sobre el brazo del sillón, con una mano me detenía el vestido evitando que se me levantara, el movimiento inesperado me hizo sentir mi parte de hombre oprimida entre mis piernas. me dio un poco de risa y a el también, era la primer expresión que veía, sus manos acariciaban tiernamente mis piernas, me acariciaba mas como un padre acaricia a una hija que como un hombre que acaricia a una mujer, tocaba mi cabeza y mi rostro mientras una sonrisa ligera se pintaba en su cara, sus caricias, insisto, eran muy paternales.
Que estaría pasando por su cabeza? Estaría viendo en mi a alguna de sus hijas a causa de la ropa? Veía en mi ternura o sensualidad? Que quería de mi? Y… nuevamente…. Por que no me había dicho nada al respecto? Esa duda me mataba. Sin embargo, sus caricias comenzaron a evolucionar, ahora me agarraba el trasero por encima del vestido, pero aun con ternura, sus manos se deslizaban por la parte interna de mis muslos, pero sin llegar mas alla, me recorria la cintura, ceñida por el corto vestido, eso hacia que mi cuerpo se estremeciera, jugaba con mis aretes, con el collar, tocaba mis labios con su dedo, pero siempre despacio, tierno, extraño…
Yo podía sentir la erección constante en mis nalgas, era impresionante que alguien de su edad estuviera así, de vez en cuando me acomodaba para que la punta de su pene quedara en la hendidura de mi trasero, pero con la ropa no era fácil, quería agarrarlo y acomodarlo, pero el respeto hacia el me lo impedía, además, como dije antes, no sabía cómo reaccionaría él y no quería echar a perder el momento. Me pidió que le sirviera un poco más de vino, me levante con cuidado y me agache para tomar su copa de la mesa, exponiendo hacia el mi trasero, pero siempre con precaución de no mostrar de mas, yo soy una dama. Tome la botella, pero era muy poco lo que quedaba, así que fui hacia el bar, abrí otra botella, serví la copa y regrese hacia el, mas suelta todavía que antes en mi caminar, además, la copa en mi mano era un buen accesorio para el movimiento de mis caderas. Pero al llegar hacia él, me quede impresionada, paralizada, su pene estaba fuera de su pantalón.
No sabía que hacer, estaba parada frente a el, con aquel hermoso vestido corto de bolitas, con dos copas en la mano, estaba hermosa y literalmente no podía moverme, el comenzó a manipularse su miembro mientras me veía de arriba a abajo, podía sentir su mirada recorriendo absolutamente cada parte, desde los tacones, las piernas torneadas, el vestido corto, los hombros descubiertos, el rostro congelado el cabello perfecto, y después, de arriba hacia abajo. Yo no podía quitar la mirada de su rostro, como era posible que siguiera inexpresivo? eso, me provoco una sensación en el estómago y en mis genitales, no había sentido eso hace mucho mucho tiempo. Tomo un cojín del sillón de a lado y lo arrojo al suelo, mientras me ordenaba igual con ese punto entre autoridad y petición: “híncate”
Puse la copa sobre la mesa y me arrodille en el cojin, muy cerca de el, me acaricio los hombros descubiertos con su mano libre, y con ternura fue bajándola hasta mi codo, me tomo de el y me jalo el brazo con sutileza hacia su erecto miembro, yo instintivamente lo tome, lo podía sentir, era fuerte, era maduro, era grueso, tibio, con venas muy marcadas, nunca paso por mi mente siquiera el pensar en su pene antes de esto, mucho menos pensar que seria asi.
Mientras lo masajeaba, ahora con mis dos manos y entre sentada en el suelo, el acariciaba mi cabeza, veía su mirada, no era la mirada lasciva de un hombre, era la mirada de un padre cuando ve a su hija dormida, era algo extraño, mi mente se confundía, eran tantas dudas, quería meterme en su cabeza, pero era imposible, que veía en mi? Era evidente que no veía a una mujer de la calle, parecía que veía a su hija, pero el contraste es que yo tenía su pene entre mis manos, no podía entender su sentir.
Despacio, hacia fuerza en mi cabeza para acercarme a su miembro, cada vez podía sentir más la temperatura cerca de mi rostro, ahora podía olerlo, y cuando puse atención, vi que una gota cristalina salía de la punta. El aplico un poco más de fuerza, hasta que su pene estuvo en mis labios, mi lengua tímida salió de mi boca y acaricio los costados de aquel tronco, sentí la gota en mis labios, pero no me atrevía a meterlo en mi boca, mas esta resistencia no duro mucho, ya que su fuerza, aunque sutil, era suficiente para que yo lo obedeciera.
Como si yo fuera una experta, metía todo su pene en mi boca, lo sacaba, lo acariciaba con la lengua mientras con mis manos acariciaba con suavidad sus testículos, parece que siempre hubiera sabido como hacerlo; el me tomaba como podía de la barbilla y me volteaba la cara hacia la de el, parece que le excitaba verme a los ojos con esa parte de su cuerpo en mi boca. Cuando lo observaba desde esta posición, lo veía dar un sorbo a su copa de vino y sentía como se limitaba a retorcerse por el placer que le estaba dando. Estaba disfrutándolo mucho, me sentía totalmente una hembra, hace tres días apenas me había puesto una pantaleta y hoy tengo el pene de un hombre en mi boca, podía sentir mi ropa interior también con el mismo líquido, pero el producido por mí, la erección limitada por la posición y la ropa interior ajustada provocaba una excitación nueva, parece que la restricción me gustaba.
Su respiración comenzó a acelerarse, su miembro se hinchaba y calentaba más, yo sabía lo que estaba a punto de pasar, trate de retirarme pero me sujeto con mucha fuerza de la cabeza, fue tanto que me inmovilizo y ya no pude moverme, cuando sentí el chorro caliente de su semen llenando mi boca, sentía que me ahogaba un poco, luchaba entre respirar con la nariz y mantener eso dentro de mi boca, entonces sus manos me soltaron, me levante cerrando la boca, contendiendo todo en ella, evitando derramar una sola gota, pero lo irónico de esto es que lo hacía por no manchar los sillones de mi tía que tanto cuidaba, creo que tenía mucho respeto yo por ellos.
Me enderece con mi boca cerrada, pero evitando tragar el líquido ardiente, me iba a levantar para ir al baño a escupirlo cuando el me detiene del hombro y me dice: “no vas a ningún lado, trágalo” me le quede viendo fijamente con una expresión de incredulidad, pero su orden había sido muy clara, y la fuerza sobre mi hombro la reafirmaba, abrí mi boca para mostrárselos, la cerré y con un poco de esfuerzo, trague todos sus esperma, un sabor extraño estaba en mi paladar, me ordeno que abriera la boca y así lo hice, para que viera que no había nada, sin embargo, podía sentir como algunas hebras del mismo liquido se pegaban en los extremos de la parte interna de mi boca, el asintió, inexpresivo nuevamente, pero denotando satisfacción.
Entonces, el me dijo que era hora de ir a dormir, venia cansado del viaje, así que se levantó, abrocho su pantalón, se inclinó hacia mi y me dio un beso en la mejilla, me quede congelada nuevamente. Subió las escaleras de la manera más normal del mundo, como si lo que acababa de pasar fuera algo cotidiano, mientras yo yacía ahí en el suelo, entre sentada y arrodillada, con el sabor del semen en mi boca y la sensación de pequeños organismos nadando en mi interior. No sabía si sentirme humillada o realizada.
Me levante y fui a la cocina por un vaso de agua para pasar lo que aún quedaba en mi boca, el sabor no se iba, y estaba segura que ahí lo tendría por largo rato. Subí a mi habitación escuchando cada taconazo en cada escalón, sintiendo la tela del vestido entre mis piernas al caminar, sintiendo el frescor del ambiente recorriendo las partes internas de mis muslos, ya que no estaba acostumbrada a tener esa parte sin tela. me sente sin cuidado sobre mi cama, gire y me recosté tratando de asimilar lo que acababa de suceder, sin darme cuenta, estaba tocándome bajo el vestido, mi pene se había liberado de la prisión gracias a los pasos en las escaleras y ahora solo era detenido hacia arriba por mi pantaleta, como un hombre calvo asomándose tras una sábana, finalmente estaba masturbándome, no paso mucho rato cuando tuve uno de los orgasmos mas maravillosos de mi vida, solté todo mi cuerpo y me quede profundamente dormida.


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